2 de marzo de 2015

El túnel de Ernesto Sábato




En general la novela resultó un tanto “cargante”, por lo repetitivo que resultaban las reflexiones del protagonista. Monótonas e inquisitivas cuestiones acerca de la coprotagonista, de sus relaciones con el resto de los personajes y de sus reacciones respecto a Castel,  sin respuesta objetiva y que solo incrementan el misterio sobre María, sin que este llegue a resolverse. Este suspense dará pie a que el lector demande una continuación o, al menos, aclarar la realidad de María.
Aunque algunos de nosotros ya la habíamos leído, ahora con el paso del tiempo, con el cambio de mentalidad experimentado por nuestra sociedad respecto a las relaciones entre hombres y mujeres en cuanto a cuestiones de pareja, percibimos otra premisa que antes apenas parecía latente y que ahora la vemos tan claramente que incluso sobresale por encima del tema principal pretendido por el autor. (Permitiéndome un inciso diré que esto me lleva a pensar que la literatura es algo vivo, que nace, crece…, se transforma con los años, con los lectores, con las circunstancias sociales…).  Si en un principio juzgamos la novela como una manifestación existencialista, ahora vemos más. Las actitudes, los pensamientos, las frases de Castel están impregnadas de un machismo ancestral, acompañado de su enorme egocentrismo, que lo llevan a ejercer un maltrato psicológico e incluso en ocasiones físico sobre María.
El principio es el final del relato, presenta en ello cierto anacronismo. Personalmente pienso que el motivo principal de Castel al relatar su crimen es hacer una introspección, tal vez para conseguir averiguar algo más sobre María; tal vez para objetivar ante los demás su acción, aunque manifiestamente se siente superior, soberbio, altivo, y despreciativo o,  tal vez por eso, para jactarse; tal vez para hallar su ventanita, su esperanza para huir de su esquizofrenia.
Un ser solitario por decisión propia, dominado por una obsesión, por los celos hacia una mujer, misteriosa en los comienzos y que así permanece, incluso después del final. ¿Como la vida? Tal vez en esto se vea el existencialismo. El conflicto del ser. ¿Es María el reflejo de la vida? ¿Acaso el pintor quiere dibujar a la vida del mismo modo que trata a la mujer? Como enfermedad y, al mismo tiempo, como salvación que no logra orientar.

En cualquier caso, la estructura de la novela se nos presenta como un túnel, pero con una salida, ventana, abrupta, brutal, reflejo de la búsqueda paulatina y constante que nos acerca al final. Bien podría haberla titulado La Ventana, aunque parecen contraponerse ambos títulos, según el sentido espiral que le imprime, girando sobre sí misma, una y otra vez, como el pensamiento del protagonista.

El relato de una paranoia narrado obsesivamente.

Ernesto Sábato
El túnel
Madrid, Cátedra, 2005



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